Crónica 15ª semana

Parece mentira que estemos escribiendo la última crónica del CEL, que hayan pasado tres meses y medio tan rápido. Todos coincidimos en que ha sido un regalo poder participar de esta experiencia en comunidad. El Hermano Antonio Botana volvió a Madrid para rematar el módulo “Juntos y por asociación al servicio de la MEL” que ya comenzara la semana anterior. Este módulo ha sido, en realidad, la ocasión para hacer síntesis de todo el CEL porque, de una u otra forma, había que tocar todos los puntos vistos hasta ahora. Es una suerte poder escuchar de primera mano a una persona como el Hermano Antonio, al que podemos considerar artífice de la misión compartida, en línea de la comunión de comunidades propugnada por el Vaticano II.

Además, nos dio pie para elaborar nuestros propios relatos lasalianos y poder compartirlos. Fue un momento imborrable e intenso, porque compartimos el significado profundo de La Salle para cada uno. Fue ocasión para enriquecer nuestra visión de los compañeros del CEL con los que hemos estado viviendo en comunidad. Se respiró espiritualidad lasaliana por todos los poros, identificación con el proyecto e ilusión por una misión que engancha nuestras vidas.

En la reunión del lunes el Hermano Ángel Agustín nos habló de su vocación misionera, de su periplo por África y América, y del futuro que se le abre al acabar el CEL. Da gusto escuchar a alguien que habla con tal ilusión y convencimiento de su opción por ir a los más pobres. Nos damos cuenta de que no lo ha tenido fácil, pero ha sido su determinación y tesón la que le ha llevado a conseguir su sueño. Habla de Guinea como una experiencia de enamoramiento, su primera experiencia misionera, la de los proyectos de juventud; difícil la tarea, pero ilusionante. Sus palabras pueden considerarse un resumen perfecto para un buen curso de Misionologia. No es teoría, es vida lo que nos comunicó este misionero insaciable que va dejando huella allá por donde pasa. Ahora ya prepara su viaje a Nicaragua. Le deseamos lo mejor.

Seguimos el tiempo de Adviento en nuestras oraciones y celebraciones. Y, para llenarnos del espíritu navideño, hemos disfrutado cantando villancicos con guitarras y panderetas. Han ido unos momentos bonitos y entrañables.

Por fin, el viernes fue el momento de presentación de las síntesis personales; una mañana muy intensa y rica también. Cada uno ofreció su experiencia desde su sentir y con mucha creatividad. Por la tarde, celebramos la Eucaristía de acción de gracias y envío a nuestros lugares de origen, donde tenemos que ser capaces de dar gratis lo que hemos recibido gratis. La tristeza de la despedida se confunde con las ilusiones en los planes de futuro que hemos compartido y que vamos a seguir compartiendo, pues ya tenemos cita para reencontranos el año que viene. Y para rematar la despedida compartimos una espléndida cena amenizada por un discurso de Julia y Antonio, al más puro estilo Igarteburu y Ramonchu. Agradecemos al director del CEL —Hermano José Ángel—, al subdirector—Hermano Juan Antonio—, al director de la casa —el Hermano Joaquín— y a todos los responsables, toda la labor de organización.

Terminamos, no podría ser de otro modo, con un rato de ocio en torno a las panderetas y los villancicos. A partir del sábado, cada mochuelo a su olivo. Los whatsapps de añoranza fluyen por nuestro grupo interno, pero seguiremos juntos y por asociación nuestro andar tras los pasos de La Salle con una experiencia que ha marcado un antes y un después en todos nosotros, de compromiso en compromiso…

¡Viva Jesús en nuestros corazones!